La vocación cristiana es una realidad dinámica, en constante crecimiento gracias al proceso de formación continua y permanente que cada uno se compromete a realizar para ser discípulo y misionero de Cristo. Para ser auténtica, por consiguiente, debe estar atenta y ser fiel a la voz de Dios.
Formación InicialLa formación inicial y la formación permanente están dirigidas a hacer posible la fidelidad a la propia opción vocacional. Uno llega a ser realmente Cooperador cuando los valores evangélicos contenidos en el Proyecto de Vida Apostólica, “característicos del buen cristiano, configuran su mentalidad, sus motivaciones de fondo, sus actitudes y su conducta; en síntesis, cuando la identidad ideal expresada por el reglamento se convierte en identidad real, vivida con humilde sinceridad de parte de la persona”.

El objetivo de la formación inicial es ”comprobar la propia llamada”. Sin embargo no es una simple, apresurada y superficial comprobación exterior; es una comprobación interior seria, responsable y prolongada. En ella uno pone sus capacidades intelectuales, afectivas y operativas en vista a la meta que se ha de alcanzar.
Formación Permanente

La Formación Permanente es el proceso de crecimiento, profundización y maduración en la identidad vocacional, que integra en la vida todos los elementos que componen nuestro ser personas, cristianos, integrantes de la Familia Salesiana y salesianos cooperadores más los continuos cambios que en los distintos ámbitos (personal, asociativo, eclesial, social…) se producen.