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El matrimonio Oroño – Cifuentes, de la Comunidad Ceferino Namuncurá de Coyhaique
Han hecho llegar a la Asociación una profunda Reflexión titulada ” Nostalgias de Oratorio”, dando cuenta de su participación en el Congreso Provincial 2018 y su retorno a casa.

Les invitamos a lean esta gran reflexión y la compartan, porque es un gran aporte a la formación, además, ayuda a conocer de forma más cercana a hermanos Salesianos Cooperadores.

Nostalgias de Oratorio

Hace unos días participamos, Soledad y Darío, del encuentro-congreso anual de los salesianos cooperadores en Santiago de Chile.

Días plenos de comunidad, alegría oratoriana, mesa compartida, eucaristía rezada y sentida, patio de juegos con cantos y chistes, fogón final de tertulias, cantos, reconoci-mientos y bailes regionales, reflexión y diálogo en torno a un tema que nos hace más familia, convencidos de una vocación, inmenso regalo de Dios para la Iglesia.

¡Cuánta emoción vivida, cuántas cosas compartidas, cuántos diálogos realizados, cuán-tos abrazos y encuentros entre los que compartimos la misma espiritualidad, a pesar de ser tan diversos y tener realidades tan distintas y complejas!

El dejo nostálgico nos lo transmitió el regreso a nuestro lugar, el largo camino a casa; desde el aeropuerto a casa veníamos silenciosos, nuestro corazón vivió la sensación de la tristeza y buscamos la explicación, ¿si habían sido días tan plenos, por qué nuestro corazón albergaba un toque de tristeza y nostalgia?

Porque dejábamos un lugar que nos llenó de emoción:

a. Pudimos rezar con hermanas y hermanos que tienen la misma espiritualidad y el mismo sentido de Dios.
b. Pudimos jugar y reírnos con lo simple de una mano amiga o un chiste fraterno.
c. Pudimos escuchar temas referidos a la espiritualidad que nos han hecho recor-dar, y hacer presente, tantos salesianos y salesianas que nos han enseñado, ha-ce mucho tiempo, cómo es el rostro de Dios en la casa de Don Bosco.

Por eso, pensando en quienes están en las casas salesianas, les decimos: aprovechen el manantial de espiritualidad que tienen en sus lugares, el no tenerlos crea nostalgia de lo que se vivió y, con ese ardor, vivir y dar sentido a todas las cosas de lo cotidiano.

Es verdad, es una nostalgia del oratorio que no tenemos en este lugar que nos toca vivir, nostalgia de lo que por muchos años pudimos vivir con convicción. La imagen la asemejo (yo, Darío) a cuando, para construir mi familia, dejé a mi madre en la puerta de su casa, que hasta ese momento también era mía, y partí rumbo a lo que había ele-gido; el corazón se me apretó tanto esa vez que las lágrimas saltaron por el dolor que me causaba dejar a mi madre. Ahí aprendí que para dar vida hay que saber morir. Para mí (Soledad) es algo parecido: cuando voy a visitar a mis padres y debo volver con mi hermosa familia (esposo e hijos) y dejo la “casa de mis padres” que una vez fue mía. El calor, la libertad de ser tú mismo porque estás “en familia”, con los tuyos, es una expe-riencia noble, auténtico espacio de Familia Salesiana… eso es lo que nos apretaba el corazón cuando volvíamos del Congreso.

Estamos felices e inmensamente agradecidos por esos días; el sentimiento de nostalgia nos impulsa a querer transmitir esa vivencia aquí, en nuestra pequeña Comunidad “Ce-ferino Namuncurá” de Coyhaique y por supuesto, los primeros, a nuestros hijos.

Tenemos nostalgia del Oratorio, de la alegría de ese carisma salesiano, de la Gracia de Dios que habita en cada integrante de la casa y del paseo que hace la Virgen María por esos patios llenos de juventud y deseosos de crecimiento. GRACIAS Salesianos Cooperadores de Chile!

Fuente: Soledad Cifuentes y Darío Oroño
Comunidad Ceferino Namuncurá
Coyhaique